Asesinado un desconocido de cuatro balazos en la cabeza

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La víctima tenía en su muñeca izquierda un reloj, en el cuello una gruesa cadena, por lo que no se sospecha del robo. Se presume sicariato

Tras calmar el sobresalto de escuchar de repente el tronido de cuatro disparos, entre seis y siete vecinos del sector Santa Elena en Punto Fijo, se atrevieron a explorar la zona de donde sospecharon habían provenido las detonaciones.  Y cerca de las 7:00 de la noche, a la orilla de la antigua trocha de tierra que une a Santa Elena con San Antonio, hallaron tendido en horizontal  y con los brazos extendidos, el cuerpo de un hombre, encima de su propia sangre y en el sueño eterno.

La sangre aún tibia y de rojo encendido cubría la mitad del rostro , eso tal vez no permitía identificar con certeza a la víctima, pero aun así los lugareños no tuvieron dudas en asegurarle a los primeros oficiales de Polifalcón que atendieron el llamado de emergencia, que el hombre inmolado no era conocido, que no vivía ni frecuentaba esa zona. Además sospechan que los responsables huyeron en un automóvil Chevrolet Aveo, de pintura oscura (azul o negro) , que previamente vieron abandonar el sector a toda velocidad.

Los hombres de azul protegieron el área, a la espera de la comisión forense del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) que debían rastrear evidencias y trasladar el cadáver hasta la morgue del ente detectivesco.

Los expertos colectaron cuatro conchas de balas de 9 milímetros, cuyos proyectiles alcanzaron –todos- la cabeza de la víctima. En el estudio inicial notaron que una de las balas impactó el hueso parietal,  otra en el hueso cigomático, una más en el hueso temporal y el cuarto proyectil cerca de la sutura coronaria.

El hombre asesinado, posiblemente rondaba los 35 años de edad, era de piel clara y contextura rolliza. No portaba identificación. Vestía una franela azul oscuro de marca y un bermudas con estampado en tonalidades anaranjadas, calzaba unas sandalias Crocs con muy poco uso, en el cuello una gruesa cadena y un reloj que permanecía en su muñeca izquierda. Al lado de su mano derecha  quedó tendida una gorra blanca.

Las averiguaciones, de su identidad y de la ubicación de los responsables del asesinato, apenas comienzan, pero inicialmente cobra fuerza el asesinato por venganza, el sicariato.

 

FRANKLIN MORALES

Fotos: Andrés Arévalo